jueves, 14 de agosto de 2014

Stultus

No hay mucho por contar hoy. Intentaré consumir sólo líquidos hoy.
Por la mañana acabé con El Signo de los Cuatro de Arthur Conan Doyle. Caí en cuenta de que a cada libro admiro mucho más a Sherlock, pero al mismo tiempo caigo en cuenta de una situación que ha sido tocada muchas veces a lo largo del tiempo, el genio siempre está triste, siempre se siente miserable, siempre termina solo y es incomprendido. Así sucede con este personaje, que es único en su clase, y el es consciente (y muchas veces hasta narcisista) de esta condición, donde su inteligencia y capacidad de análisis es superior a la de cualquier hombre, pero al mismo tiempo sufre períodos terribles de depresión y es cocainómano. Muchos antes que yo se han extendido y explayado con mucha más destreza que yo en el tema, pero me llama la atención profundamente, ¿es que el conocimiento va de la mano con la tristeza? ¿es un requisito sentirse miserable para convertirse en una persona sabia?
Hoy sólo puedo pensar en eso, nunca me he sentido o considerado una persona inteligente, pues cada cosa que leo me abre el camino a mil más que no conozco, y eso me hace consciente de lo mucho que me falta aún por aprender y conocer. 
Pero con cada pedacito de conocimiento que he ido agregando a mi cerebro, cada dato, me ha hecho más consciente también de las cosas terribles que suceden a mi al rededor, en este mismo momento, de lo cruel que es el mundo allá afuera mientras todos se pasean por el pensando sólo en lo propio, sin cuestionar nada, sin pensar en nadie más que en sí mismos... y eso usualmente me hace sentir muy desamparada, eso y otras cosas son las que me han convertido en esta persona aislada que soy. ¿Es un poco eso lo que sucede? ¿Quiere decir que cada paso que de lejos de la ignorancia será uno más cerca de la miseria?
Tengo miedo, toda mi vida he aspirado a convertirme alguna vez en una persona culta, a convertir a mi cerebro en una masa llena de conocimiento, de abrir todos mis caminos neuronales y exprimir todo lo que se pueda mi capacidad, pero pienso quizá eso será mi condena. Pienso que mi existencialismo me llevará a la ruina.
¿Se ha conocido alguna vez un existencialista feliz?
Me siento contrariada, no soy capaz de hablar de nada hoy.


"—¿Qué ha sido hoy: morfina o cocaína? 
Levantó sus ojos con languidez del viejo libro de caracteres góticos que había abierto. 
—Cocaína —dijo—. Una solución al siete por ciento. ¿Le gustaría probarla? 
—De ninguna manera —contesté con brusquedad—. Mi constitución física no ha superado aúnpor completo la campaña del Afganistán. No puedo permitirme el someterla a ninguna tensiónanormal. 
Holmes sonrió ante mi vehemencia. 
—Quizá tenga usted razón, Watson —dijo—. Me imagino que su influencia es físicamente mala. Sin embargo, encuentro que estimula y aclara la mente de una forma tan trascendental, que sus efectos secundarios me resultan pasajeros. 
—¡Reflexione usted! —le dije con viveza—. ¡Calcule el coste resultante! Quizá su mente se estimule y se excite, según usted asegura; pero es mediante un proceso patológico y morboso, que provoca cambios en los tejidos y que pudiera dejar al cabo de un tiempo una debilidad permanente.  Sabe usted, además, qué funesta reacción se produce cuando finalizan sus efectos. Le aseguro que es un coste demasiado caro. ¿Para qué correr el riesgo, por un simple placer pasajero, de perder esas grandes facultades de que usted se halla dotado? Tenga presente que no le hablo tan sólo como amigo, sino como médico a una persona de cuyo estado físico es, hasta cierto grado, responsable. 
No pareció ofenderse. Al contrario, juntó las puntas de ambas manos, apoyó los codos en los brazos del sillón, como quien siente deseos de conversar, y dijo:
—Mi mente se subleva ante el estancamiento. Proporcióneme usted problemas, proporcióneme trabajo, déme los más abstrusos criptogramas o los más intrincados análisis, y entonces me encontraré en mi ambiente. Podré prescindir de estimulantes artificiales. Pero odio la aburrida monotonía de la existencia. Deseo fervientemente la exaltación mental. Ahí tiene por qué he elegido esta profesión a que me dedico, o, mejor dicho, por qué razón la he creado, puesto que soy el único en el mundo que la practica."

Les deseo un buen día. 

5 comentarios:

UZUKI-HIME dijo...

Hola. Siempre me identifico mucho con tus entradas. Uno de los personajes que mas admiro después de Fausto (Goethe) es Sherlock y desde que comencé a leerlos también he pensado que la inteligencia esta abrazada con la soledad si te das cuenta muchos escritores tenían una vida muy triste y algunos como Baudelaire sufrían de depresión crónica.
Y como tu siento esa sensación de ignorancia que queda cuando se acaba un libro.... Ese vacío existencial de que lo que conocemos es tan poco y que hay cosas que jamás llegaremos siquiera a entender.
Espero hayas tenido un buen día.
Un abrazo.

sophie dijo...

Creo que ese vacio o tristeza existencial es lo que hace al personaje unico junto con otros atributos claro, eso lo hace profundo.
Y creo que nunca seremos todologos pq el conocimiento actual es mucho como para que una sola persona lo tenga, pero con aprender algo cada dia basta
besos

Clauch dijo...

Muchas veces he encontrado lo mismo que tú, parece ser q entre más sabes o más inteligencia tienes, más triste eres, sin embargo no creo que tenga que ser así para todo el mundo. Me dieron ganas de leer el libro! Un abrazo

Dani dijo...

Leí el Signo cuando era más chica, tremenda obra de Doyle. Una pregunta, estás en el secundario o en la facultad? Tienes talento y afinidad para la literatura, por eso.
Y sí, el estúpido es gozoso en su ignorancia. Tranqui.
Nos leemos linda,
D.

Nightingale dijo...

Hola Alice! Soy Meek, pero una nueva.
Lamento lo de tu entrada, sinceramente no he encontrado a nadie que sepa mucho y que sea feliz, pero también hay hay mucha gente que es ignorante e infeliz.
Quizás ser sabia implique ser una desgraciada, pero creo que podrías tener la fuerza y la valentía de intentar ser las dos cosas.
Un beso enorme, nos leemos!